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lunes, 2 de abril de 2012

El manifiesto humorista de Laureano Marquez


A continuación, me complace reproducir el Manifiesto Humorista de Laureano Márquez. Vale la pena leer esta profunda reflexión de este humorista venezolano, acerca de lo que significa el humorismo, sus peligros y virtudes.

“Un fantasma recorre el país, el fantasma del humorismo, contra este fantasma se han coaligado en santa jauría todos los poderes del Estado, Asamblea Nacional, tribunales de justicia, los radicales “twitteros” y los policías del pensamiento.

¿Dónde hay hoy un humorista que no sea acusado de fascista, golpista y agente del imperio? De este hecho se desprenden dos consecuencias: Que el humorismo es ya reconocido como un poder por todos los poderes del Estado. Que ya ha llegado el momento de que los humoristas expongan públicamente y ante el país entero sus concepciones, objetivos y tendencias y salgan al paso de las fábulas en torno al fantasma del humorismo con un manifiesto propio.

¿Qué es esto del humorismo que hace que los gobernantes, hasta los más demócratas, pierdan eso que llaman la sindéresis? En primer lugar, como dijo Aquiles Nazoa: “el humor es una manera de pensar sin que el que piensa se dé cuenta de que está pensando”. El humor es pues, pensamiento de contrabando. Y está demostrado que las sociedades arbitrarias, autoritarias o abiertamente dictatoriales aborrecen el pensamiento, porque irremediablemente conduce a la autonomía de criterio y a la libertad.

El humor, además de ser expresión del pensamiento libre, tiene otra condición que le hace particularmente temible: es incontestable. Solo puede ser respondido con una agudeza superior a la recibida o con la agresión, la persecución o el silenciamiento. Este hecho lo hace particularmente odioso para el poderoso, que no puede entender que su omnímodo poder se vea cuestionado por la “insignificancia” de unos trazos acompañados, a veces, de muy pocas palabras o de la gracia de un comediante, una representación teatral o un escrito. Y tanto más le molestará cuanto más arbitrario, personalista y absoluto sea ese poder.

El humorismo se conecta con la tristeza del ser humano y expresa sus dolores. Decía Wenceslao Fernándes Flores que el humor es “la sonrisa de una desilusión”.

Por ello el humor se enlaza con la gente, porque expresa sus angustias cotidianas, sus decepciones. Decía Gonzalo Torrente Ballester que “el humorismo es siempre una concepción desencantada del mundo vivida por un hombre que, a pesar de todo y contra toda razón, no pierde la esperanza…” y he aquí otro peligro del humor: da esperanza en momentos en los que, a quienes dominan, les conviene que la gente sea sumisa y acepte acríticamente ­como diría Chaplin­ que se le ordene “qué hacer, qué pensar y qué sentir”.

El otro compromiso del humor es con la verdad, no porque el humorista sea dueño de ella, sino porque sabe que detrás de lo que dice hay grandes verdades. Eso no lo decide el humorista, que como diría Zapata es una suerte de víctima, él no se propuso ser lo que es, sino que es humorista a pesar suyo. Es la sociedad la que decide que detrás de lo que dice el humorista hay profundas verdades al identificarse con ellas y hacerlas suyas. Cuando esas verdades, por temor, no pueden ser dichas en el terreno de la seriedad, toman inevitablemente el camino del humor, que sabe sortear muy bien las barreras de la censura y los límites del miedo.

¿Qué sueña en el fondo el humor? ¿Qué hay detrás de sus manifestaciones? El sueño de un país y un mundo mejor, más humano y tolerante, donde pensar diferente no sea un crimen ni motivo de agresiones y persecuciones. El humorismo sueña con gente pensante e inteligente donde sea la razón y no las pasiones mezquinas la que nos mueva. La gran tragedia del humorista es que no puede guardar silencio frente a la arbitrariedad, frente al abuso en contra de los más débiles. El humorista no puede contenerse porque lo mueve el amor, que le impide aceptar la manipulación y el engaño de quien detenta el poder y contra eso se rebela. Se rebela pacíficamente, con el único recurso con el que cuenta: su ingenio irrefrenable, que mientras más acorralado es, curiosamente, en vez de rendirse, más agudo se vuelve.

Lo que hace tan fuertes a los humoristas, es que no tienen nada que perder sino las cadenas y un mundo entero por ganar.

¡Humoristas del mundo, uníos!”


lunes, 19 de marzo de 2012

Los personajes y sus voces

Alguna vez escuché a un autodenominado conocedor, mencionar que los diálogos en la literatura son el recurso fácil del escritor.  Nada más alejado de la verdad. Quizás parezca fácil, pero no lo es.
El escritor debe encontrar para cada personaje, una voz o registro que lo diferencie del resto. Esto deberá ocurrir para que el lector tenga la oportunidad de identificarse con cada uno de ellos. Esa voz o registro, tendrá que ir acorde con las características que se hayan delineado para el personaje. Un registro igual para cada personaje, tenderá a convertir el texto en uno monocorde.

Por otra parte el establecer voces distintas para cada personaje, es un delicioso ejercicio de creatividad. Se puede jugar con las opciones. Por ejemplo, un personaje con poca instrucción, al que se le asigne un hablar pomposo con palabras rebuscadas, introduciendo en su conversación uno que otro error, puede definirlo como pintoresco y dar algo de lustre a un relato sombrío.

Es útil repetir en voz alta los diálogos, a propósito de pulir el escrito. Una vez seleccionada la voz del personaje, hay que mantenerla de principio a fin excepto que ocurra algún hecho en la narración que requiera introducir cambios.

Los diálogos no deben irse por las ramas, sino mantenerse dentro del contexto que pretender comunicar el escritor. Las expresiones “dijo”, “afirmó”, “mencionó” y otras como éstas deben administrarse y no llenar los párrafos con las mismas. En la medida en que los registros sean firmes, no será tan necesario apelar a este recurso.
La utilización de palabras soeces es permitida, siempre que sean inherentes a la circunstancia. En cambio, el uso indiscriminado de este tipo de expresiones, revela falta de recursos en el escritor.

Cuando se trabaja con personajes, cuyos defectos y virtudes son ajenos a la personalidad del escritor, éste deberá despojarse de prejuicios y temores, apegarse a la voz del personaje y lanzarse a la conquista de nuevas fronteras espirituales.


sábado, 10 de marzo de 2012

Cómo trabaja un escritor – Parte II

Una redacción bien estructurada, con una trama cautivante, son factores que deben estar presentes en toda novela con pretensiones de éxito. Sin embargo, los personajes son el alma del escrito. Constituyen su esencia, son la razón por la cual el lector se enganchará con la novela o simplemente se aburrirá y abandonara la lectura.
El lector debe sentir curiosidad, apego, lástima, afecto e incluso repulsión por los personajes a fin de lograr que lea hasta la última página. Debe identificarse con alguno de los personajes, al punto que haga suyas las situaciones por las cuales atraviesa éste, bien se trate de alegrías, peligros o emociones de cualquier naturaleza. Mientras más temprano se logre este grado de empatía, mayores oportunidades habrá de mantenerlo atrapado por la lectura. Este sentimiento debe ser tan fuerte, como para que el lector experimente una sensación de pérdida al llegar a la página final.

Es vital entonces que cada personaje sea debidamente delineado, en forma que pueda exponer sus defectos y virtudes. Asimismo, sus acciones tienen que ser coherentes y mantenerlos unidos con un cordón umbilical con el tema de la novela.

El nombre que se le asigne a cada uno de ellos, es también un factor importante. Aun cuando los nombres asignados no tengan un significado en particular, los mismos deberán guardar relación con el carácter del personaje o servir para establecer algún grado de humor, extravagancia o paradoja con ellos.
No es procedente asignar nombres parecidos a los personajes, pues puede llamar a error y cansancio al lector.

A fin de que el escritor pueda liberarse del peso de tan relevante escogencia, sugiero que elija los nombres de los personajes antes de comenzar a redactar el texto. En todo caso, podrá con posterioridad hacer los ajustes que sea menester,

De hecho, si el escritor puede compenetrarse con sus personajes, le resultará mas fácil producir el mismo efecto en el lector.

Continuará…

martes, 6 de marzo de 2012

¿Cómo trabaja un escritor? – Parte I

 Cuando se planifica el bosquejo de una novela o un cuento, podemos mencionar a tres tipos de escritores

·       Quienes escriben directamente acerca del personaje y desarrollan la línea argumental a partir de los caracteres.

·       Quienes escogen escribir basados en un escenario, que puede ser un campo de batalla, una oficina o una ciudad. Asimismo, puede seleccionarse el futuro, un planeta lejano o la guerra en Afganistán.

·       Aquellos que inician el proceso de escribir como una aventura, en la cual se conoce el punto de partida mas no el de llegada.

No existe un método mejor que el otro. El éxito dependerá de la creatividad del escritor, de su yo interno y de la forma en que aborde la trama.
En ocasiones, puede producirse una mezcla de las tres categorías antes mencionadas. En mi caso, me gusta elaborar un bosquejo de lo que voy a escribir. En dicho bosquejo selecciono el escenario y el personaje principal. A pesar de ello y de forma inexorable, el escrito comienza a tomar vida propia. Para utilizar una metáfora, digamos que abordo un avión en Miami para un vuelo sin escalas con destino a Londres. Ya al final de la novela o el relato, encuentro que el vuelo hizo escalas en Uzbekistán, Patagonia y Sri Lanka, para concluir en París.

No es una circunstancia que me moleste. Por el contrario, la disfruto mucho.

La magia consiste en que el piloto es la mente del escritor y sus dedos son los pasajeros. Es un estado místico, en el cual asumimos el papel de creadores de mundos propios.

El escritor tiene la potestad de convertirse en un dios benévolo, un engendro del mal o cualquier combinación de ambos.
En todo caso, lo más importante es que las emociones que pretende plasmar el escritor en su obra se transmitan al lector.

Continuará…

lunes, 27 de febrero de 2012

La violencia entre parejas y la búsqueda del alma gemela

“Si logro que una persona que amo me corresponda, seré digno de ser amado y entonces, solo entonces, podré amarme a mí mismo”.

¡Cuántas veces no hemos sido testigos, de esta sufrida manera de manejar las relaciones que tienen algunas personas que nos rodean! Esa línea de pensamiento nos enfrenta a un problema de difícil solución, porque lo que está planteado es que cuando otra persona no nos ama, no estamos calificados para sentir amor por nosotros mismos. Las personas que no se aman a sí mismas, piensan que la solución es amarse a través de otros,

Creo que le damos muchas vueltas al tema de amarse a sí mismo. Algunos “guías espirituales” desinformados, nos dicen que hay que suprimir al ego. Ese consejo va directamente en contra del mensaje de Jesús: “amarás a tu prójimo como a ti mismo”. Cuando hacemos caso del mensaje cristiano, nos damos cuenta que el amor es más sencillo de lo que se nos muestra a través de las telenovelas.

Cuando a las personas con carencia de amor propio, alguien les manifiesta que no las quieren, comienzan a odiarse porque piensan que no hay nadie que las ame y ese es el verdadero mal de amores. Y como no conocen el amor adentro, no pueden reconocerlo afuera.

Este tipo de personas suelen caer en relaciones donde la otra parte es dominante, posesiva, autoritaria. Es fácil convencerlas que demuestren su amor. La parte dominante le pedirá que cambie su conducta, que se vista de otra manera, que se alejen de su familia, que acepten el abuso verbal y físico. Como tienen miedo a perder lo que creen es amor, la parte dominante terminará por convencerlas de que son quienes únicos las aman.

La única verdad aquí, es que las personas con bajo amor propio renuncian a ser quienes son.

La mayoría de las relaciones que se acaban, aun las que no son abusivas es porque comenzaron debido a razones equivocadas. Y todas las razones equivocadas se resumen en una sola: la relación se inició buscando lo que podías sacar de ella en lugar de lo que podías aportar a ella.  Y otra vez estás buscando fuera de ti.

¿Soluciones? Comparte tu esencia sin sacrificar la tuya. Nútrete de la esencia del otro ser sin quitarle nada. El mayor error en las relaciones es pretender que la otra persona es “tu mitad”, alguien que viene a llenar tus espacios vacíos. El objetivo es que ambos sean personas plenas que se unan para compartir su plenitud. Cada una de las partes debe abandonar su camino particular para iniciar un nuevo camino, tomados de la mano, con alegría, con respeto, comunicándose con la verdad, avanzando al mismo ritmo.

Ese es el verdadero concepto del alma gemela.




martes, 7 de febrero de 2012

A Mario Vargas Llosa no lo convence Internet

Internet no termina de convencer a Mario Vargas Llosa. Lo ha manifestado en un artículo de opinión publicado en El País, titulado “Más información, menos conocimiento”, y cuya polémica se mantiene viva semanas después gracias paradójicamente, a su repercusión en la red. Más de 1.500 retweets, 6.000 recomendaciones en Facebook, cartas al director y comentarios —con sus correspondientes debates en blogs y redes sociales, todo a propósito del enfado del ganador del Premio Nobel
¿Para qué mantener fresca y activa la memoria, se pregunta y lamenta más adelante, si toda ella está almacenada en algo que un programador de sistemas ha llamado "la mejor y más grande biblioteca del mundo"? ¿Y para qué aguzar la atención si pulsando las teclas adecuadas los recuerdos que necesito acuden a mí, resucitados por esas diligentes máquinas? Y enlaza con declaraciones fuera de tono, a favor o en contra, reconociendo con tristeza que muchos universitarios prefieren buscar resúmenes y que además son reticentes a leer  los clásicos.

No se trata de la primera muestra de desconfianza de Mario Vargas Llosa hacia Internet y las nuevas tecnologías. Este mes de abril, en una entrevista publicada en el semanario uruguayo Búsqueda, el Nobel afirmó que Internet ha acabado con la gramática, añadiendo que quienes chatean o se comunican por Twitter y Facebook utilizan, al acortar palabras y vulnerar ciertas reglas gramaticales, un lenguaje aterrador. Si escribes así, continuó Vargas Llosa, es que hablas así; si hablas así, es que piensas como un mono. Eso le parece muy preocupante al afamado escritor peruano.



sábado, 28 de enero de 2012

El poder de la palabra

Los griegos la adoraban como a un elemento de la divinidad. El Nuevo Testamento  la define como el principio de todas las cosas. El salmista David alegaba que, utilizada con sabiduría, era instrumento para aplacar la ira. Miguel Ruiz, filósofo de origen tolteca, escribió; “sé impecable con ella”.


Las palabras no se las lleva el viento. Son instrumentos de poder. Estemos o no conscientes, la palabra nos convierte en magos con capacidad de lanzar conjuros. Una sola palabra es capaz de sanar o enfermar el alma de una persona. Cada palabra posee el potencial de exorcizar los demonios que habitan dentro de nuestro ser y a la misma vez, tiene el poder de meterle el demonio en el cuerpo a un semejante.


Es tan inconmensurable su poder, que las palabras contenidas dentro de los libros sagrados de todas las religiones rigen, hasta sus últimas consecuencias, las vidas de billones de personas.


Una palabra puede destruir en un segundo lo que otros han tardado años en construir. De la palabra depende la felicidad o la desgracia. La paz o la guerra.


Debemos adquirir conciencia plena de que cada palabra es una manifestación de nuestros mundos internos. La violencia, la mentira, el maltrato, la homofobia, el racismo, la intolerancia, el discrimen y los prejuicios de toda especie, se manifiestan en forma de palabras. El resultado de ese tipo de palabra conduce, en forma inexorable, a la destrucción de personas, e ideas.


Humpty Dumpty, ese entrañable personaje de Alicia en el País de las Maravillas, dice “cuando yo empleo una palabra, significa exactamente lo que yo quiero que signifique. Ni más ni menos”.


No permitamos que nuestras palabras broten de la boca como un incendio incontrolable. Cuando ese sea nuestro estado de ánimo, es preferible callar y esperar. Ya sabemos que un gran poder, implica una gran responsabilidad.


Podemos construir un mundo mejor, utilizando el poder de la palabra.